Estas son las preguntas que más nos llegan por teléfono, por email o en la primera consulta. Las contestamos aquí para que no haya que esperar a sentarse delante de nosotros para empezar a entender.
¿Cuándo es el momento de consultar?
A ver, te lo digo como profesional, como madre y como persona: en cuanto tengáis la duda. No hay por qué esperar. Si te duele la espalda y vas al fisio, el fisio te dirá si hay que hacer algo o no. No pasa nada por consultar. Si vuestro hijo no está hablando con dos años y medio, puede entrar dentro de la normalidad o puede no entrar; mejor ir, asegurarse, y que sea el profesional el que decida. Si dice «no hay que hacer nada», estupendo. Si dice que sí, lo hemos cogido a tiempo.
Mi pediatra dice que «ya andará / ya hablará». ¿Qué hago?
Lo digo con todo el respeto al gremio, con el que tenemos una sana broma de «claro, el pediatra te ha dicho que ya andará»: evaluar, mientras se pueda permitir económica y logísticamente, casi siempre va a ser mejor. No porque busquemos etiquetar a nadie, sino porque la información ayuda a tomar decisiones. Puede ser verdad que se arregle solo. Puede que no. Lo que sí queremos es poder decir, dentro de unos años: «hice lo que estaba en mi mano».
¿En qué se diferencia evaluar en el colegio, en el pediatra o en una clínica como la vuestra?
En el colegio, los orientadores suelen estar muy saturados y eso retrasa las evaluaciones; además, el niño no conoce a quien le va a evaluar, y eso le pone en alerta. Es difícil estar bien atento si estás tenso, así que algunas condiciones no aparecen como aparecerían en otro contexto.
Con neurólogos y psiquiatras, hay dos escenarios. Uno es el bueno: profesionales que piden que un psicólogo pase pruebas específicas porque quieren tener información completa antes de decidir. El otro es el rápido: diez minutos de consulta, etiqueta, medicación. Eso último no es un buen trabajo.
En la clínica nos podemos tomar el tiempo: damos confianza al niño, le damos una merienda antes, le explicamos qué va a pasar. Algunos se piensan que están en mi casa. Esa diferencia, que parece de fachada, cambia los resultados.
¿Qué tipo de pruebas se hacen y cuánto duran?
Depende de la sospecha. Una evaluación de altas capacidades incluye, como mínimo, una prueba de inteligencia validada, una prueba de creatividad, cuestionarios complementarios y entrevista con la familia. Una evaluación de TEA o de hipersensibilidad incorpora otros instrumentos. Habitualmente se reparte en varias sesiones a lo largo de unas pocas semanas; queremos que el niño no llegue a saturarse, porque la fatiga distorsiona los resultados.
¿Se puede hacer la evaluación online?
Para diagnóstico serio, no. Algunas pruebas concretas se pueden administrar de forma digital con el evaluador delante, pero el diagnóstico necesita un componente presencial: hay que controlar el entorno, los ruidos, las pausas, la ansiedad real del momento, lo que el niño hace con las manos cuando no encuentra la palabra. Eso, a través de una pantalla, no se ve.
Las pruebas de screening (las que solo cribarían si hay sospecha o no) sí pueden ser online. Pero un screening no es un diagnóstico. Y, siendo realistas, no podemos saber si lo ha hecho tu hijo solo o con un amigo al lado.
¿Cuánto va a durar la terapia después?
No te lo podemos contestar. Es la pregunta más habitual y todos sabéis ya, cuando llegáis, que no os la vamos a poder contestar; muchas familias incluso lo dicen así: «sé que no me vas a poder decir, pero…». Y la respuesta sigue siendo la misma: depende de la persona, del motivo, del momento. Una terapia se puede ir un año, se puede cerrar en cinco meses, puede ser un asesoramiento puntual a los padres. Cualquiera que os prometa tiempos concretos os está engañando.
¿Mi hijo va a tener una etiqueta para toda la vida?
La etiqueta es un mapa, no un destino. No define quién es vuestro hijo. Lo que hace es ayudarnos a elegir mejor los caminos. Si en algún momento la etiqueta no sirve para nada, se queda guardada y ya está. Si sirve para que el cole se adapte o para que el niño se entienda a sí mismo, la usamos.
¿Tenéis lista de espera?
Suele haberla, sí, y depende del tipo de evaluación. Si la primera llamada con nosotros no puede ser inmediata, lo decimos. Si hay un caso que requiera ser visto antes (por sufrimiento del niño, por ideación suicida en adolescentes o adultos, por situaciones de bullying activo), tenemos circuitos de prioridad.
¿Y si mi pareja no está convencida de evaluar?
Es muy frecuente. Lo que solemos hacer es «pásame a tu pareja». No se trata de convencer, se trata de explicar bien. Aquí no venimos a etiquetar a nadie ni a decir «tú estás en esta caja». Venimos a entender qué le pasa al niño para poder ayudarle. Tu pareja y tú podéis salir de la evaluación con la información de que vuestro hijo no necesita nada más con nosotros, simplemente un programa de matemática avanzada en otro sitio. No hay obligación de quedarse.
Una última, ¿cómo empezamos?
Con una llamada. No hace falta que sepáis qué queréis preguntar. Una llamada de quince minutos en la que nos contáis qué os preocupa. Y a partir de ahí, vamos viendo. Si antes queréis ordenar un poco lo que estáis observando, también tenéis una autoevaluación orientativa para niños y adolescentes: no concluye nada, pero ayuda a llegar con las ideas más claras.
