Evaluarse de adulto: qué pasa en esas seis horas

Esto es lo que pasa desde que escribes hasta que te vas con los resultados debajo del brazo. Lo cuento entero porque la evaluación de altas capacidades en adultos da bastante menos miedo cuando se sabe en qué consiste, y porque casi todo el mundo llega imaginándose otra cosa.

Son unas seis horas. No seguidas, y no todas de pruebas.

Antes de que empiece nada

Lo primero no es una prueba, es un mensaje. Un correo, una llamada o un mensaje por Instagram, lo que te resulte más fácil, que aquí cada uno tiene su pedrada con el teléfono. Al otro lado no hay una recepción pidiéndote un número para llamarte otro día: hay una profesional que te va a decir algo parecido a «si tienes estas dudas, probablemente sea por algo, vamos a ver qué está ocurriendo».

Esa primera conversación sirve para dos cosas. Para que me cuentes qué te trae, y para que yo te cuente qué podemos hacer y qué no. Hay gente a la que le viene bien evaluarse y gente a la que le viene mejor otra cosa, y ese filtro se hace antes, no después de haberte gastado el dinero.

Las cuatro sesiones de pruebas

Las pruebas se reparten en cuatro sesiones de una hora. No se pasan del tirón, y no es por comodidad mía: es porque a la cuarta hora seguida nadie rinde como es él, y lo que quiero medir es cómo funcionas tú, no cómo funcionas agotado.

La prueba de inteligencia es la que todo el mundo espera, y está, claro. Es una prueba estandarizada, de las que se han pasado a miles de personas para poder situar tu resultado dentro de la población. Eso es lo que la diferencia de cualquier cosa que te encuentres en internet.

Pero no es la única, y aquí es donde la gente se sorprende. Pasamos también una prueba de creatividad, que a día de hoy está muy relacionada con la inteligencia, y una serie de pruebas de funciones ejecutivas y de atención. Las funciones ejecutivas son, dicho fácil, todo lo que te lleva hacia una meta: proponértela, elegir el camino y cambiar de ruta si ves que algo falla. Nos cuentan cómo usas la capacidad que tienes, que es distinto de cuánta tienes.

Te pongo el ejemplo que pongo siempre en consulta. Una de las cosas que medimos es el control de la interferencia, la capacidad de dejar a un lado la información que no importa. Puedes tener una capacidad alta y muy poco control de la interferencia, y entonces tu manera de usar esa capacidad va a ser muy diferente de la de alguien que consigue centrarse y apartar lo irrelevante. En el informe los dos números pueden parecerse. En la vida, no se parecen en nada.

Y una advertencia honesta: hay tramos de las pruebas de atención que son repetitivos y lentos. No te voy a decir que sean divertidos. Es la parte que menos gusta a todo el mundo, y es la que hace falta.

Una hora para tu historia

Hay una sesión entera que no tiene ninguna prueba. Es la historia clínica, y para mí es tan importante como las cuatro anteriores.

Colegio, trabajo, relaciones, cómo dormías de pequeño, qué te decían los profesores, qué pasó en la universidad si la hubo, qué te ha traído hasta aquí ahora y no hace cinco años. Los números sin tu biografía no explican nada. Una puntuación alta en comprensión verbal en alguien a quien toda la vida han tenido por «muy trabajadora, pero no especialmente lista» significa una cosa muy concreta que el número solo no dice.

La devolución

La devolución no es un correo con un número. Es una sesión completa en la que te explico todo lo que ha salido: cómo ha salido, cómo utilizas tu inteligencia, dónde están tus puntos fuertes y tus puntos débiles, y qué recomendamos a partir de ahí.

Y te lo llevas por escrito. En adultos muchas veces damos las propias pruebas con sus resultados, para que las revises todas las veces que quieras. Las vas a querer revisar, te lo aseguro. La frase que más oigo a las dos semanas es «menos mal que me lo diste por escrito», porque a los quince días la gente empieza a dudar de todo otra vez y necesita volver a leerlo para creérselo.

La recomendación depende de lo que haya salido. A veces son unas pocas sesiones para ordenar lo que has aprendido de ti. A veces, si hay algo de fondo, es otra cosa. Y a veces no hace falta nada más: con entenderlo, basta.

No te puedo prometer que salga altas capacidades. De hecho, si alguien te lo promete antes de evaluarte, desconfía.

Lo único que te puedo prometer es esto: con o sin altas capacidades, sales conociéndote mejor de lo que entraste. Quien no sale con este perfil también sale entendiendo cómo funciona, dónde exigirse y dónde no, y a la mayoría eso le sirve exactamente igual.

Lo que has leído no sustituye una evaluación, y de hecho es lo contrario: es el mapa de cómo se hace una. Si llevas tiempo dándole vueltas, cualquier paso es un paso, y el primero es el que más cuesta. No hace falta que vengas con la respuesta. Vienes con la duda, y vale incluso una llamada de quince minutos.